La paciencia de las familias del populoso barrio Sagrado Corazón ha llegado a su límite insostenible. En las primeras horas de este lunes, un nutrido grupo de residentes del sector conocido como El Quebrachito decidió interrumplir la monotonía urbana e instalarse sobre la calzada de la avenida Néstor Kirchner. La medida de fuerza busca visibilizar una problemática que afecta de forma directa la calidad de vida, la economía familiar y la rutina diaria de cientos de personas: la apertura del puente El Pucú, ubicado a la altura de la calle Juan José Silva.

La estructura vial, que funciona como una arteria neurálgica para la conectividad entre diversos sectores y barrios periféricos, se encuentra completamente bloqueda a pesar de que los trabajos de infraestructura ya han concluido. Según denunciaron los propios frentistas, el tránsito no se encuentra obstaculizado por fallas técnicas ni por tareas pendientes, sino por una pesada maquinaria vial cruzada intencionalmente en medio del acceso. Para la comunidad, la explicación detrás de esta barrera es puramente política: acusan al gobierno de postergar la habilitación operativa únicamente para coordinar un acto proselitista con el habitual «corte de cinta».
Una obra terminada hace más de dos semanas y un desproporcionado operativo policial
La interrupción del paso en ese sector estratégico acumula ya cinco largos meses de trastornos, un período en el que los vecinos debieron soportar barriales, desvíos kilométricos y serios inconvenientes de transporte. Sin embargo, el malestar pasó a convertirse en indignación total al comprobar que la empresa constructora dio por finalizados los trabajos hace más de quince días sin que ello se traduzca en una solución real.
«Somos vecinos autoconvocados solicitando la apertura del puente El Pucú. La obra está terminada hace 18 días, cuando cruzaron una máquina y nos dejaron aislados. Hace cinco meses que se cortó totalmente el paso, pero la obra ya está lista», expresó con impotencia una de las frentistas presentes en el reclamo.
A la frustración por la inaccesibilidad se le sumó el desencanto por la respuesta institucional recibida durante la jornada de protesta. Lejos de enviar funcionarios con capacidad de gestión o personal técnico para liberar la arteria, el despliegue del gobierno consistió en enviar un contingente de uniformados que superaba holgadamente la cantidad de manifestantes presentes.
«Somos pocos los vecinos que nos pudimos juntar y hay 52 policías, mal contados. Nos dijeron que ellos no nos pueden dar respuestas. Pedimos que, por favor, a quien corresponda, vengan a sacarnos la máquina que está cruzada y no nos deja usar el puente», remarcaron durante la manifestación.
Excusas inconsistentes frente a la cruda realidad del barrio
El diálogo con las fuerzas de seguridad que custodian el bloqueo no aportó certezas, sino que profundizó el enojo popular. La justificación brindada por los efectivos policiales apuntó al clima, una explicación que fue categóricamente desmentida por los vecinos al señalar las condiciones del día y el estado real del terreno.
«Lo que nos dijo el comisario que habló fue que no están inaugurando el puente por inclemencias del tiempo. Hoy el día está perfecto, ya no hay barro ni nada. Lo que sufrimos los vecinos con las inclemencias del tiempo es tener que salir por las otras calles, que son totalmente intransitables», recriminaron con amargura.
La desconfianza hacia los tiempos de la gestión pública ha llevado a los vecinos a rechazar rotundamente cualquier tipo de ceremonia o comitiva oficial. Lo que en otras circunstancias podría ser motivo de celebración institucional, para la gente de la zona se ha convertido en una demora injustificada que entorpece su cotidianeidad.
«Solamente pedimos eso, que vengan. No necesitamos que vengan a inaugurar, no necesitamos acto político. Solamente que saquen la máquina y dejen cruzar», sintetizaron con firmeza.
El impacto en la rutina familiar ante el inicio de las clases
El cierre preventivo e inútil de la calzada no representa un mero inconveniente estético o de tránsito menor: impacta de forma severa en la logística diaria de los hogares. Conectar puntos que geográficamente se encuentran a escasa distancia se ha transformado en una odisea que demanda un gasto extra de combustible, pérdida de tiempo y riesgos innecesarios en avenidas de alto flujo vehicular.
La proximidad del ciclo lectivo añade una cuota crítica de urgencia al reclamo. Miles de alumnos deberán desplazarse a diario hacia sus respectivos establecimientos educativos, y la falta del puente multiplica el tiempo de traslado y expone a los niños al peligro del tránsito pesado en las horas pico.
«Nos afecta porque los vecinos de acá del Sagrado, para cruzar al otro lado —que nos queda a una cuadra—, tenemos que dar toda la vuelta. Hay que agarrar dos avenidas de tránsito pesado, semáforos y comernos la hora pico. Con los chicos por empezar las clases, no tenemos puente. Es lo que estamos pidiendo: que a quien corresponda, venga y saque la máquina, nada más que eso», concluyeron.
Mientras las autoridades continúan dilatando la habilitación a la espera de coordinar la foto protocolar, los vecinos del Sagrado Corazón se mantienen en estado de alerta. Prometen profundizar las medidas si la maquinaria vial no es retirada de inmediato para devolverles el derecho básico a la libre circulación.
(Diario Formosa Exprés).
