En una entrevista reveladora para el programa radial “Algo Esta Pasando”, padres de la localidad denunciaron que el establecimiento funciona bajo un modelo anacrónico, sin agua potable ni climatización, convirtiendo la jornada escolar en un padecimiento para los alumnos.
La localidad de San Hilario se ha convertido en el epicentro de un conflicto educativo que pone en tela de juicio los estándares de calidad del sistema público en la provincia. La Escuela de Educación Primaria N° 37 se encuentra actualmente bajo una protesta activa liderada por madres y padres que, cansados de promesas incumplidas y de ver el deterioro físico y pedagógico de sus hijos, han decidido tomar medidas de fuerza.
En diálogo con Fernando López y Daniel Moreira Viera, en el aire de FM VLU 88.5 (Grupo de Medios TVO), Mariel, madre de una alumna de primer grado, expuso las razones de una lucha que trasciende lo escolar para convertirse en una demanda por los derechos humanos básicos de los niños.
Un sistema «atrapado en el tiempo»: El peso del Plan Quinquenal
La raíz del conflicto parece estar en una estructura administrativa que se niega a evolucionar. Según explicaron los conductores y la entrevistada, la institución mantiene el régimen de jornada completa amparándose en su origen histórico como parte de las escuelas rurales del primer gobierno peronista. Sin embargo, la realidad sociodemográfica de San Hilario ha mutado drásticamente desde 1947.
«Hace muchos años, desde el 97, que se viene reclamando y la excusa que dan es que es una escuela quinquenal… pero eso ya no existe, eso ya cambió», sentenció Mariel con firmeza. La madre explicó que, en el pasado, la jornada extendida permitía que los hijos de los trabajadores rurales permanecieran en el colegio mientras sus padres cumplían labores en las chacras, pero hoy esa necesidad ha desaparecido y el modelo se ha vuelto una carga.
El suplicio de las ocho horas: Calor, falta de agua y desidia
Uno de los puntos más desgarradores del testimonio fue la descripción del ambiente en el que los niños deben permanecer desde las 8:00 hasta las 16:15 horas. En una región donde las temperaturas superan frecuentemente los 40°C, las condiciones edilicias de la Escuela 37 son, según los padres, inhumanas.
«No tienen agua potable. No hay una estructura en la escuela como para garantizar una jornada completa», denunció la entrevistada. La situación se agrava al mediodía, cuando el sol formoseño castiga con más fuerza. «Imagínese el calor que hacen los chicos a la 1 de la tarde metidos en el aula sin aire acondicionado», agregó, desmitificando la idea de que la escuela sea un lugar de bienestar.
Ante la falta de servicios básicos y una alimentación que los padres consideran deficiente, muchos optan por retirar a sus hijos antes de tiempo, desafiando la normativa escolar para proteger su salud. «Yo como mamá la retiro para almorzar, porque realmente el comedor tampoco está en condiciones», confesó Mariel, aclarando que no es una cuestión de falta de recursos en el hogar, sino de falta de higiene y calidad en el servicio estatal.
Calidad vs. Cantidad: El fracaso pedagógico
El debate radial también se centró en qué hacen los niños durante tantas horas dentro del establecimiento. La respuesta de los padres fue alarmante: no existe un proyecto pedagógico sólido que justifique la permanencia extendida. La currícula se completa con materias especiales como música, folklore y educación física, pero sin una base académica que garantice el aprendizaje esencial.
«Los chicos salen nada. Los chicos salen sin saber leer ni escribir… ¿para qué sirve la jornada completa? Porque si realmente garantiza una enseñanza, ¿por qué la capital no tiene jornada completa?», cuestionó Mariel, señalando una supuesta discriminación entre los alumnos del interior y los de la ciudad capital.
La entrevistada fue tajante al desvincular el reclamo de cualquier ataque a los trabajadores: «Nadie está en contra del director ni de los maestros… lo que nosotros estamos reclamando es una educación digna para ellos». La preocupación central es el ausentismo y el abandono escolar derivado del agotamiento de los niños; según informó, en los últimos días solo asistió el 5% del alumnado como forma de protesta silenciosa.
La soledad de los padres ante el silencio ministerial
A pesar de que los padres han logrado un avance significativo —como el traslado del centro de salud que funcionaba precariamente dentro de un salón de la escuela—, el Ministerio de Educación de la provincia se mantiene en un silencio sepulcral.
«Nadie se presentó, ni la delegada zonal, ni el director del nivel primario. Nadie no se presentó», relató Mariel, quien adelantó que, si no reciben respuestas inmediatas, la protesta se trasladará a la Casa de Gobierno en la capital para hablar directamente con el Gobernador Gildo Insfrán.
Por su parte, los conductores del programa reflexionaron sobre la burocracia ministerial. «Hay tanto funcionario en el Ministerio de Educación acá en capital amontonado que por lo menos uno podría ir a charlar con los padres», sugirió Fernando López, subrayando que la cantidad de horas en el aula no es sinónimo de excelencia.
Un debate necesario sobre el sistema educativo
La protesta en San Hilario pone sobre la mesa una pregunta incómoda para las autoridades: ¿Es la escuela un centro de formación o simplemente una «guardería estatal» para cumplir con estadísticas de días de clase?
Para los padres de la Escuela 37, la respuesta es clara. No quieren que sus hijos sean «amontonados» en edificios sin agua ni ventilación bajo un régimen de hace casi un siglo. «Nadie dice que nosotros queremos usar la escuela como guardería. Nosotros estamos reclamando tenerle a nuestro hijo en nuestra casa que tengan una calidad educativa», concluyó la madre, resumiendo el sentimiento de una comunidad que ya no está dispuesta a callar.
(Diario Formosa Exprés).