La costanera de la ciudad de Formosa se ha convertido en el epicentro de un debate ambiental que crece día a día. A diferencia de las costaneras de Corrientes, Posadas, Santa Fe y Paraná, la ribera formoseña se caracteriza por un nivel de contaminación que la posiciona como la más afectada de la región litoral.
El motivo principal se encuentra en la presencia de la fábrica de tanino Unitan SAICA, ubicada a escasos metros del paseo costero. La planta expulsa humo tóxico que invade el ambiente con un persistente olor a azufre, generando malestar entre vecinos y visitantes. Las denuncias contra la empresa no son nuevas: tanto organismos oficiales como habitantes de la zona han señalado históricamente los efectos nocivos de sus emanaciones.
En diciembre de 2025, un episodio agravó la situación. Según trascendió, un error humano provocó el vertido de tanino y otros residuos industriales al río Paraguay. Aunque la noticia no trascendió en los medios, la Defensoría del Pueblo intervino solicitando informes sobre el impacto en la biodiversidad del cauce. El hecho reavivó las críticas hacia la empresa y puso en evidencia la fragilidad ambiental de la zona.

Vecinos del centro y barrios aledaños aseguran que los “fuertes olores a azufre” son habituales y que muchos padecen problemas respiratorios crónicos que atribuyen directamente a las emanaciones de la planta. “Hay días en que el humo tóxico se esparce por toda la costanera y es imposible permanecer allí sin sentir ardor en la garganta”, relató un residente.

La situación abre un debate urgente sobre el impacto ambiental y sanitario en la ciudad. Mientras la costanera debería ser un espacio de recreación y encuentro, la contaminación la convierte en un lugar de riesgo para la salud pública. La discusión sobre el futuro de la planta y las medidas de control ambiental se instala como una prioridad para las autoridades y la comunidad formoseña.
