Privilegiados de la fe: entrerrianos protagonistas de milagros

Compartir

Manuel Vilar de Nogoyá y Candela Giarda de Paraná tienen en común que siendo niños volvieron a la vida por la fe y la oración de sus madres a una religiosa y a un Papa respectivamente. Ellos son considerados milagros porque la ciencia no pudo explicar su curación y sus casos sirvieron para que la Iglesia inscribiera los nombres de la Madre Maravillas de Jesús y de San Juan Pablo I en el libro de santos y beatos.

El caso del pequeño Manuel Vilar se transformó en mediático por la época en que sucedió. Corría el año 1998 y sin redes sociales los medios de comunicación como los diarios y la televisión tenían la supremacía de la información. Así, el 23 de julio de 1998 Clarín tituló “El chico que volvió de la muerte” y se puede ver al pequeño Manuel sentado en las rodillas de su mamá. Hacía sólo cuatro días que el niño se había caído dentro de la pileta que la familia tenía en su casa de Nogoyá.

El 19 de julio de 1998 Manuel tenía poco más de 1 año y disfrutaba de un domingo soleado en familia. Su mamá Alicia preparaba una torta cuando un mal presentimiento la embargó. Salió al umbral de la cocina y de allí divisó la pileta, que tenía poca agua pero suficiente para un bebé. Llamó a su hijo pero este no respondió, se acercó al borde de la piscina y lo vio flotando.

El niño Manuel en los brazos de su madre.

El niño Manuel en los brazos de su madre.

“Entonces me tiro, lo levanto y cuando lo miro tenía sus ojitos abiertos, como que hacía mucho tiempo que estaba sumergido. No pudieron determinar cuánto tiempo estuvo en el agua, pero por las señales dicen que primero el cuerpo se hunde y con el paso de los minutos flota. Además, se le habían desatado los cordones de las botitas que tenía puestas y una especie de espuma había a su alrededor que es cuando se le llenan los pulmones de agua, daba todo el aspecto de una persona sin vida”, contó a UNO en una entrevista realizada tiempo atrás.

Lo llevaron hasta el hospital San Blas de Nogoyá, ahí lo recibieron y le practicaron las primeras maniobras de resucitación. Su madre, en estado de shock, comenzó a rezar a instancias de una vecina que se lo indicó. “Empecé a rezar la oración que me había aprendido de memoria de la Madre Maravillas, no me pregunten por qué pero yo la rezaba siempre, iba por la calle y la recitaba. Y ahí me dije ‘ya está’. Y di por hecho que iba a interceder y me lo iba a devolver vivo”.

De Nogoyá Manuel fue trasladado a Paraná, donde lo ingresaron a terapia intensiva con un coma profundo. Intubado y con respirador, el panorama era desalentador. El lunes 20 de julio, a la madrugada, su mamá rogó que se hiciera la voluntad de Dios. “Y cuando dije así, Manuel se despertó. Y me dijo ‘Mamá’”, contó Alicia.

Lo dejaron internado hasta el miércoles 22 de julio porque los médicos no entendían cómo pudo ocurrir algo así.

Al otro día su caso era conocido en el país y llegó a oídos de la Congregación de las Carmelitas a quien pertenecía la Madre Maravillas. Alicia, la mamá de Manuel, se reunió con las religiosas en Buenos Aires y enseguida se mandó todo a Roma, al postulador de la causa. Luego se investigó la historia clínica, hablaron con los médicos de Paraná, los familiares y cuando se hizo el juicio el fallo fue unánime. Era un milagro la vuelta a la vida, como también que no le hayan quedado secuelas.

Sin explicación

También en el mes de julio, pero de 2011, se dio el caso de la paranaense Candela Giarda.

Al respecto, el presbítero Julio César Cabrera –de los salesianos de Don Bosco–, brindó esta semana una charla en la catedral Nuestra Señora del Rosario de Paraná, detallando la situación que elevará al Venerable Juan Pablo I a la categoría de beato.

“El 1º de abril del año 2000 nació la tercera hija de la familia Giarda Sosa, a quien su madre llamó Candela, por símbolo de la luz. El lugar donde se inició la delicada situación de salud que concluyó con el milagro tuvo su origen en un humilde barrio obrero conocido como Bajada Grande situado en la periferia de la ciudad de Paraná, a orillas del caudaloso y majestuoso río”, detalló el sacerdote.

Según la cronología de vida, la pequeña Candela transitó sus primeros 10 años de vida normalmente, feliz y sin sobresaltos, desarrollando un gran amor por los animales.

“El 28 de marzo de 2011 se despertó sobresaltada y llorando sin consuelo, un agudo dolor de cabeza no le permitía una cierta tranquilidad y continuidad. Se desataron vómitos y fiebre, la niña desmejoraba”, indicó el padre en su alocución.

Candela Giarda junto al padre Dabusti y su madre, Roxana Sosa.

Candela Giarda junto al padre Dabusti y su madre, Roxana Sosa.

La mamá de Candela, Roxana Sosa, peregrinó por los sanatorios de la ciudad pero a pesar de los esfuerzos por determinar la enfermedad no se conseguía un diagnóstico preciso. Por ese motivo viajaron a la Fundación Favaloro en Buenos Aires.

“Los médicos le presentaron un sombrío pronóstico, si sobrevivía iba a quedar en estado vegetativo y ciega. El 22 de julio de 2011 una de las médicas le comunicó a Roxana que nada se podía hacer por la vida de Candela”, documentó.

Con ese panorama, la mamá de la niña salió corriendo a la iglesia ubicada en cercanías de la fundación y se encontró con el párroco, el padre José Dabusti. La desesperada mujer le pidió al cura que fuera a la clínica a rezar por su hija enferma.

“El sacerdote fue, rezó y pidió a Roxana que impusiera sus manos en Candela para pedir a Dios; para pedir por la intercesión del Papa Juan Pablo I y así invocaron al pontífice de los 33 días”, dijo el religioso.

Según indicó luego Dabusti, sintió la necesidad de pedir a Juan Pablo I por su humildad y sonrisa con la que fue identificado.

“Poco tiempo después de la invocación al pastor Juan Pablo I, la niña evolucionó de manera admirable”.

El sacerdote también contó lo que respondieron los médicos a los especialistas del Vaticano sobre el caso.

“El doctor Trentadue y la pediatra Gladys Saa fueron quienes recibieron a Candela y condujeron el tratamiento. Previo a la entrevista que se le hizo al mencionado facultativo respondió tajantemente ‘Yo no voy hablar de milagros, si usted viene a hablar de milagros no pierda su tiempo’. Con un consumado vocabulario médico detalló el estado de salud de Candela: ‘El cuadro era delicado y difícil de interpretar un diagnóstico certero, preciso y claro, por lo que se fue procediendo gradualmente conforme a la cambiante situación clínica. Concluyendo que en el caso de Candela la atención fue positiva y respondiendo a la terapia aplicada’. Y concluyó: ‘No tiene nada de sobrenatural’. En otra parte de la entrevista agregó: ‘Ante el hecho médico consumado, son situaciones muy límites en la que la vida de las personas y la fe a lo sobrenatural son formas de interpretarlas’”, explicó el presbítero Cabrera.

Después, el expositor de la charla leyó los argumentos de la doctora.

“Por su parte, la pediatra Gladys Saa testimonió de igual modo los procedimientos seguidos: informaba a la señora Roxana lo que se llevaba a cabo, indicando los momentos críticos y haber hecho lo médicamente posible. En la entrevista que se le realizó indicó ‘Siempre uno confía en la ciencia, pero lo que pasó la verdad es sorprendente, nunca hubiéramos esperado eso’. Un poco más adelante relató a la delegación vaticana: ‘Lo que yo comenté fue una situación de trabajo pero me lleva a confiar en la ciencia y a creer; ciertamente uno estudia, sabe y confía. El caso de Candela lo llegamos a consultar afuera, pero creo que hay una parte en la que no estuvo presente la ciencia’”.

A continuación, siguió el derrotero para dar a conocer el milagro. El sacerdote Dabusti –que conocía al papa Francisco de su época como arzobispo en Buenos Aires– le mandó una carta que le fue entregada. Pero la misiva se traspapeló y pasaron varios años hasta su aparición. Cuando se encontró comenzaron las investigaciones. En la sede vaticana reunido el consejo médico estableció por unanimidad que la recuperación física de Candela era científicamente inexplicable.

“El 6 de mayo de 2021 la comisión de teólogos dependiente de la Congregación de los Santos determinó que efectivamente se trataba de un milagro”, señaló Cabrera.

LEÉ MÁS: La Arquidiócesis de Paraná suma una nueva vocación sacerdotal

Canonización y beatificación

Manuel Vilar estuvo presente en España para la canonización de la Madre Maravillas. Tenía 6 años, vestido de gaucho llevó las ofrendas durante la celebración y se presentó ante el hoy santo Juan Pablo II para testimoniar con su vida el milagro realizado por la religiosa carmelita.

El 4 de mayo de 2003 fue la elevación a los altares de la monja cuya fiesta litúrgica está establecida el 11 de diciembre, día que se recuerda su fallecimiento.

Por su parte, el 4 de septiembre, en Roma, tendrá lugar la ceremonia de beatificación de Albino Luciani, más conocido como Juan Pablo I.

Según informaron desde la sede del Vaticano, la ceremonia será presidida por el papa Francisco y contará con la presencia de la joven del milagro, su madre y el sacerdote Dabusti.

Candela hoy tiene 21 años, es una mujer sana, estudia, trabaja y lleva una vida totalmente normal en Paraná.

Tanto Manuel como Candela son privilegiados de la fe, ellos pusieron el cuerpo para la santidad de dos religiosos y abrieron un camino de oración allí donde la ciencia se encontró en una encrucijada. (Diario Uno).