Exhibición del poder mafioso: las similitudes entre la nueva Camorra napolitana y los soldaditos narco de Rosario

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En Nápoles los llaman paranze (peces pequeños) y hoy son los que dominan la llamada Camorra, una red criminal compuesta por pequeñas células que venden drogas, controlan territorios y alimentan el negocio de las extorsiones de diferentes formas desde hace dos siglos. Esta nueva generación de mafiosos casi adolescentes tomó el mando luego de que fueran detenidos o asesinados en la década pasada los líderes tradicionales, los más veteranos, de las familias Giuliano, Cutolo, Di Lauro y Contini.

Uno de los emblemas de esta nueva generación es Emanuele Sibillo, un joven que fue asesinado en 2017 a los 19 años y se transformó en una especie de «santo» de esa camada, que describió el escritor Roberto Saviano en el libro “La banda de los niños”. El año pasado los carabineros napolitanos desmontaron una estatua que se había construido en honor a Sibillo, donde estaban las cenizas del joven asesinado, conocido como “ES17”.

“Mientras que en el pasado uno podía convertirse en jefe de la mafia solo después de alcanzar cierta antigüedad, la violencia armada ha permitido que los adolescentes de la Camorra obtengan poder a una edad temprana”, señala Ruggero Scaturro, analista de Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional, una organización que presentó en 2021 el Índice Mundial de Delincuencia Organizada, un trabajo del que formé parte desde la Argentina.

Lo interesante del nuevo fenómeno criminal napolitano son las analogías con lo que ocurre hoy en Rosario –más allá de las diferencias históricas–, donde las nuevas generaciones de narcos y soldaditos, también adolescentes, tienen comportamientos y perfiles diferentes a sus antecesores, con una sobreexposición –sobre todo en las redes sociales– que parece ir a contramano de un negocio clandestino e ilegal. El uso de estas plataformas digitales agigantó el impacto social con la reverencia a las armas a una jerga, que muchas veces se ve reflejada en letras de trap.

Scaturro señala que “este relevo generacional ha provocado un cambio radical en el bajo mundo de Nápoles: los jefes más antiguos operaban discretamente y resguardaban la omertà, el antiguo código de silencio de la mafia, pero los pandilleros nuevos se han acostumbrado a hacer alarde de sus hazañas en las redes sociales”.

Este nuevo perfil de mafioso casi adolescente, que se expone en las redes sociales con armas y jactándose de su poder en el mundo criminal, quedó cristalizado en la imputación esta semana contra lo que podría llamarse la nueva generación de la banda de Los Monos, encabezada por Luciano Cantero, hijo de Claudio, conocido como Pájaro, y de Lorena Verdún. Tras las audiencias quedaron detenidos 25 imputados, lo que parece ser un batallón de jóvenes soldaditos que recibían las órdenes de este muchacho que maneja un multirubro criminal, que va desde la venta de drogas a extorsiones, según la acusación de la fiscal Marisol Fabbro.

“Se muestran en las redes para ganar fama, pero a diferencia de las generaciones anteriores estos chicos mueven una cantidad de dinero mucho mayor, porque el negocio criminal creció”, contó un abogado que representó hace tiempo la defensa de miembros de la familia Cantero.

Lucho Cantero irrumpió en las redes a fines del año pasado, cuando un miembro de su banda lo filmó disparando un FAL en el techo de su casa, en el barrio Las Flores. Cuando los policías allanaron tiempo después ese domicilio encontraron las vainas del fusil en el techo.

El hijo de Pájaro Cantero, líder de Los Monos asesinado en 2013, está sospechado de disparar 60 tiros con una ametralladora contra un patrullero de la policía el 25 de diciembre pasado.

Luciano Cantero, el hijo del «Pájaro» y de Lorena Verdún, solía hacer exhibicionismo con armas de fuego en las redes sociales. Esta semana fue imputado por la fiscal Marisol Fabbro.

Un rasgo que los investigadores observan del hijo de Pájaro es que manejaba una cantidad y un nivel de armamento que lo diferencia del resto de las bandas narco. Su estrategia parece ir a contramano de un criminal que prefiere el bajo perfil: Luciano Cantero se saca fotos y videos con su principal capital, las pistolas y fusiles.

Lucho, como lo llaman a este joven que fue detenido el martes pasado y le secuestraron 24 pistolas y más de 500 balas, decidió exhibir su poder de fuego. Hacerlo público y viral para que el resto, tanto la policía, como los fiscales y sus rivales en el negocio de la droga, se enteren que puede hacer daño con el arsenal de armas que posee.

Varias de las pistolas 9 milímetros que le secuestraron tenían cargadores de 30 y 50 proyectiles. Son armas cortas semiautomáticas que se transforman con una adaptación que hace un armero en ametralladoras de mano, que son incontrolables a la hora de disparar. El sonido de las ráfagas de disparos que muchos vecinos escuchan en las noches provienen de este tipo de armas.

El fusil FAL calibre 7.62 estaba en poder de cuatro jóvenes, tres de ellos de 17 años. El arma con numeración limada es una de las exhibidas por Cantero en un video con el músico Zaramay que grabaron a principios del año pasado en Rosario. Allí muestran pistolas con cargadores circulares de 50 tiros, que son de origen brasileño y coreano, según los investigadores judiciales.

“Existe una cultura de la violencia en algunos ámbitos de la sociedad que explota y permite que se den vínculos entre delincuentes y cantantes. Zaramay escribe y pertenece a un tipo de música que exalta la violencia, como un legado de algunas bandas de música iberoamericanas y eso los emparenta un poco” con bandas criminales, aseguró el fiscal Matías Edery, de la Unidad de Criminalidad Organizada.

En ese video el hijo del líder de Los Monos se presenta en sociedad como una nueva generación de líderes narcos, que a contramano de lo que indica el sentido común usan las redes sociales para demostrar que no tienen límites con ese poder de fuego.

Lorena Verdún, la viuda del ex líder de Los Monos Claudio

Lorena Verdún, la viuda del ex líder de Los Monos Claudio «Pájaro» Cantero, fue detenida este año por la Policía.

Luciano Cantero aparece en otro video que grabó en los festejos de Navidad disparando al aire con el fusil FAL en una casa en Arrieta al 1800. Unos días antes de que fuera detenido, Cantero sacó una foto con el arsenal de pistolas, entre ellas, cuatro Glock 9 mm, con la frase: “Por si las moscas”.

Algo similar hizo el 1º de enero de 2018 Alan Funes, de 18 años en ese momento, quien grabó un video que difundió por Instagram, que lo mostraba cuando disparaba una ametralladora para desafiar a sus rivales, los Camino. Alan Funes está preso en el penal de Ezeiza, condenado a 44 años de prisión por causas de narcotráfico y homicidios.

“Que ondaaaaaaa. Vamos a matar a alguien???”, le preguntó el 26 de octubre pasado Nahuel Quinteros a su jefe en un mensaje por Whatsapp. El muchacho que quiere ser sicario aún no asesinó a nadie nunca y expone las ansias que tiene de “activar”, de ser protagonista de un homicidio. Lo hace como si la muerte o las vidas ajenas fueran algo demasiado banal, en ese juego real en el que la tragedia de la violencia narco se incrusta en la vida como algo cotidiano.

Quinteros se queja ante Jonatan Ribles, quien coordina cómo llevar adelante los crímenes, que le dan misiones menores, como custodiar los búnkeres y evitar “que los drogados no se deliren”. Un par de días después le dan las armas para que las cuide porque “anda el Comando (Radioeléctrico) dando vueltas”. Para convencer a su jefe, Quinteros promete que sabe “manejar la grandota” (una ametralladora FMK3). “Vos sabés que manejo la grandota bien piola”, le transmite a Ribles. “Quiero un par de muertes ahí para Rosario Alerta” –un portal de hechos policiales de Rosario. Su jefe trata de calmar su ansiedad. “Tranquilo Popeye”, advierte Ribles, en forma de broma y en referencia al sicario de Pablo Escobar.

En su casa Quinteros se filma con el arsenal que tiene que custodiar y le envía videos a su novia. “Mirá amor… para todos los giles”, le dice a su pareja. Exhibe tres armas poderosas: dos pistolas 9 mm, una de ellas con un cargador largo, de 31 proyectiles, y una réplica calibre 22 de un fusil de asalto.

El arsenal que exhibía con jactancia este joven, que aparece con su rostro protegido por el barbijo del Guasón, era el que utilizaba un grupo de sicarios para ejecutar los planes que delineaba desde el pabellón Nº4 de la cárcel de Piñero, a 20 kilómetros de Rosario, Alejandro Núñez, el jefe de la organización.

Chuky Monedita, como se lo conoce en el ambiente del hampa a Núñez, condenado por homicidio en 2015, desarrollaba una paleta de actividades delictivas desde la prisión: manejaba el negocio de una red de búnkeres que atendía, sin restricciones horarias, un grupo de mujeres –a las que llaman “las bunkeras”–, ordenaba la usurpación de casas para convertirlas en puntos de venta de drogas, y planeaba ataques sicarios, cuyas tareas de inteligencia llevaba adelante un taxista, según se desprende de la investigación que realizaron los fiscales Pablo Socca y Valeria Haurigot. (Aire de Santa Fe).